Carmen Sirenis

Llovías aquella noche.
Lágrimas extremadamente saladas
resbalaban, perezosas, por tu tez.
Primero suavemente,
precipitándose a los labios después.
Llovías aquella noche.


Sabías que el mar te había llamado
-llovía también en él-
hambriento de vestales violadas
por alguna mentira impiadosa.
Quizás la mentira de verte siempre bajo el mismo
halo de luz,
tan diáfana, siempre transparente,
que me cegó tu luz y quedé ciego,
y en esta oscuridad aún te contemplo.
Te sabía lloviendo aquella noche
y no quise escucharte,
y el mundo quedó sordo, como Ulises,
desoyendo así tu canto embriagador,
que me hiela la sangre cuando llueves.
El mar se agita hermoso
levantando centenares de lenguas
ante la última virgen ultrajada,
dispuesta a reposar, en la mar madre,
su más agudo dolor.
Y ahora es mañana.
El sol resplandece en lo alto quemando
tus tibiezas y mis sentidos.
Ahora veo cada cosa en cada sitio,
y siento el dolor de haberte convertido en lluvia
sin saberlo.
Las noches de tormenta
sueño que llueves para volver a amarme
-perdona, una vez más, mi vanagloria-
corro y me sumerjo en el mar
y sueño que te poseo.

Montse Gatell

Be Sociable, Share!


Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *